miércoles, 11 de enero de 2012

Arráncame la vida


Cuando nos conocimos sentí una atracción animal, nunca me había pasado nada parecido. Cada vez que lo tenía cerca comenzaba a sentir como mi pelvis se retorcía de dolor. Quería ser penetrada, quería que me arrancara la ropa sin decirme nada. Me quedaba petrificada cuando estábamos juntos con la esperanza de que no se diera cuenta de lo que me provocaba. Esperaba que me arrastrara sin mediar palabra hacia la pared más cercana y metiera la mano debajo de la pollera y me gritara barbaridades.

Soporté dos salidas formales. Una tarde de cine, vimos una comedia que ayudó a mantenernos distantes igual que el balde enorme de pochoclos. No recuerdo la película ni los actores ni el cine ni nada. Solo recuerdo la taquicardia y la transpiración. La segunda un almuerzo de domingo en un restaurante con terracita. No sé qué comí pero me calló muy mal, el estómago se me prendió fuego e hizo que me fuera antes del postre. Es el hombre más bello que jamás haya conocido. Tierno, simpático, alegre, elegante y cariñoso, pero lo único que me importaba era que me sacara la ropa y me penetrara con crueldad. Un hombre de ojos azules intensos, no celestes, azules. Una sonrisa repleta de dientes y unas manos suaves, como de músico diría mi madre. Joaquín, abogado, soltero y muy sexy.
La tercera salida un sábado a la noche, yo no estaba convencida de que a él se le prendiera fuego el alma como a mí, pero lo sospechaba. Mi tiempo y mi percepción estaban muy ocupados en ocultar mis emociones, por eso dudaba. Estaba convencida que significaba que podíamos dejarnos llevar y donde nos íbamos a dejar llevar era a la cama que era el único lugar donde yo quería ir con él. Desde el viernes todo fue una agonía. Tener la ropa puesta, los zapatos, comer, dormir, pensar, trabajar todo, todo, era una tarea imposible de ser llevada a cabo. Transpirar y alucinar fueron las únicas cosas que pude hacer a granel.
Yo estaba segura que Joaquín también estaba pensando en la posibilidad de terminar la noche enredados en algún lugar de la ciudad. Fantaseaba con las esquinas de Almagro o Caballito pero pensaba que él, como era todo un caballero iba a preferir un sitio más privado. A mí me daba lo mismo, con tal que de una vez metiera su mano debajo de mi pollera cualquier lugar era el indicado. ¿Pollera o vestido? ¡Como si no tuviera problemas me agregaba otro! Pantalón descartado, muy complicado para que te arrinconen y te quiten los fantasmas de un manotazo. Definitivamente vestido escotado y liviano. Un vestido que dejara a la vista mis pezones y que cayera con gracia sobre mi abundante cadera. No me importaba nada el rollo debajo del busto, ni la panza chata todo había desaparecido cuando él me rozó por primera vez. Los miedos y las dudas desaparecieron, me sentía poderosa y hermosa.
Arreglé la casa, limpié en detalle, cambié las sábanas y perfumé hasta el último rincón, todo debía estar perfecto. En la cocina hasta limpié el cajón de los cubiertos y los lustré con alcohol, los cuchillos quedaron brillantes. Estaba lista para la mejor de las noches.

Joaquín pasó a buscarme alrededor de las 21 hs. trajo un ramo de rosas blancas y me emocioné solo hasta que lo besé en la mejilla para agradecérselas. Ahí sentí el primer latigazo en el vientre y alcancé a apretar los dientes y tragarme un quejido.
_¿Te sentís bien?_ dijo.
_Por supuesto estoy de maravillas ¿adónde vamos?
_Yo pensé, que quizás te gustaría pedir sushi y quedarnos acá en tu casa…
_Es una buena idea, contesté. ¿Vos sabés donde pedir sushi?
_ Por supuesto, dijo sacando del bolsillo un volante de una casa de comida japonesa. Me mostró todos sus dientes y sentí el segundo latigazo esta vez en la pelvis, fue tan fuerte que me incliné de golpe.
_¿Estás bien?_me dijo.
_En realidad tengo que confesarte que me ponés un poco nerviosa.
_Perdón… ¿Eso es bueno o malo?
_Depende, le dije. Si te incomoda que una mujer se altere con tu presencia, es malo.
_ Me siento halagado, me susurró en el oído izquierdo.

Torcí la cabeza con la intención de atraparlo entre mi oreja y mi hombro y logré rozarle el cuello con la nariz. Se me escapó la lengua de la boca, pero no llegué a lamerle el cuello. Suspiré tan fuerte que Joaquín me agarró de la cintura y me empujó con suavidad hacia adentro de mi casa mientras me preguntaba si quería comer antes o después. Gruñí un después y susurré, “cocina, cocina”. Nunca me soltó la cintura, me llevó colgada de su pelvis flameando mientras me derretía en ese abrazo. Me pasó la lengua por la oreja con desesperación mientras con un pié pateaba la puerta de lo que yo señalaba como la cocina. Joaquín rebuznaba y yo resoplaba como una animal a punto de empezar una batalla. En cuanto se abrió la puerta me colgué de su cuello y salté atrapándolo con mis piernas para apoyar mi vagina empapada sobre él.
_¿Me deseás?
_¡Tenés unos pechos hermosos!_ dijo. Volví a preguntarle mientras me lamía su perfume.
_¿Me deseás?
_¡Me volvés loco! Me apoyó contra la mesada de la cocina y  me metió la mano derecha dentro de la bombacha. Ahogué el grito de dolor y le mordí la oreja, rebuznó y me penetró con un dedo. Con  desesperación le volví a preguntar a los gritos.
_¿Me deseás? ¿Me deseás?
_Sí, mi amor te deseo con toda mi alma.

Le agarré con la mano izquierda el pelo de la nuca tirándole la cabeza hacia atrás, con la mano derecha abrí el cajón de los cubiertos y agarré sin dudarlo la cuchilla de mango azul. Apoyé mi vagina bien fuerte contra su mano y le clavé el cuchillo con toda mi fuerza debajo de las costillas izquierdas. Sentí algo caliente en la mano y ruido a tela desgarrada, empujé con más fuerza hacia el ombligo pero no podía. Joaquín me miraba con los ojos enormes y la boca abierta como un grito mudo. Tiré con fuerza de la cuchilla pero no podía, le solté el pelo y agarré con la dos manos y tiré hasta que salió y la volví a clavar en el ombligo. Me hervían las manos. Joaquín seguía en pie gritando en silencio y lo besé. Lo besé con amor como nunca besé a nadie y lo amé como solo lo amé a él. Me siento dentro de él. Lo extraño.

lunes, 31 de octubre de 2011



se acerca el momento del año donde algunos nos ponemos a hacer balances no voy a balancear nada no me sale lo primero que me gustaría balancear es la dieta y a la vista esta que no me sale mierda que fin de semana mierda que año agitadísimo mierda un año mas mierda estoy contenta mierda mierda mierda música para mis oídos

jueves, 15 de septiembre de 2011

Organizando la música mientras recupero los colores y la energía. sSigo en busca de las palabras que se fueron de viaje. Me quedo tranquila mandaron postal, ya van a volver. Sorprendida y feliz por mis elecciones, agradecida por el trabajo realizado y el camino desandado. Con ganas de abrazar. Con ganas de habitar otros mundos. Paso a paso.

sábado, 10 de septiembre de 2011


Pero no te extraño
Pero no te extraño, hay veces que sueltan,
dentro de mi cuerpo, todos los delfines y
dos lobos marinos y como diez pingüinos
a hacer de las suyas creyéndome tuya
y yo no te extraño, me da mucha sed,
hasta que las bestias se duermen al bies.

Y me duermo sola, sin piyama en bola,
como la Inesita, que dormía sola di
dicen los que la aman, yo digo que dicen
los que no pudieron meterse en su cama,
yo creo que Inés quiere dormir sola,
aunque un regimiento se postre a sus pies.

Que es distinto a vos, porque ésto es de a dos,
con tu regimiento me agarra la tos.

Pero no te extraño, deben ser los años,
o los desengaños, los lobos marinos que
que comentan siempre nues, nuestro desatino
y yo no te extraño, estoy como el caño,
el caño de un baño, mojada por dentro y seca al revés.

Mejor me retiro, te mando un suspiro
repleto de a veces de amor y trasluz,
para cuando quieras elegir amores
sin promiscuidades como el avestruz,
que come y que traga y esconde el pescuezo
como si nomás le cantara yo a eso.

lunes, 5 de septiembre de 2011

donde se esconden las palabras cuando no están en los papeles si no están escritas dibujadas sera que no existen o si sonaran seria suficiente donde están me pregunto las necesito las espero las quiero con urgencia para escribir una carta de amor no desesperado me la paso revisando los cajones y los placares pero no veo dibujos que se le parezcan ni sonidos que me digan nada sigo buscando las palabras che vos devolveme mis palabras traelas a casa cuando quieras no toques timbre pasa dejo la puerta abierta estoy esperándolas si te veo puedo invitarte unos mates pero solo si traes palabras las que necesito ah y no me disperses los pensamientos aunque a veces no ayuden mucho los quiero conmigo es mi manera de ayudar a las palabras a que vuelvan si las palabras me leen quiero que sepan que las extraño que las espero que las quiero y necesito les prometo un gran abrazo y hermosas cartas

domingo, 28 de agosto de 2011

Sin comentarios

desde febrero que nadie tiene nada para comentar a mis palabras será que no hay nada para decir o lo que sería más interesante es que se quedan mud@s no creo tener semejante poder estoy practicando la continuidad en las palabras tengo que leer el Ulises de Joyce no se si me da el cuero pero en eso ando lo encontré en una página buenísima donde bajar libros esta fresco y tengo hambre voy a tener que cocinar no es mi fuerte pero comer hay que comer así que siempre es mejor llegar a la cocina antes de que la cosa se ponga insostenible porque armo oraciones poco creíbles de ser pensadas no pienso usando factible ni insostenible sigo intentando escribir lo que escucho en mi cabeza no paro mejor no pienso sigo con hambre y sigo con los dedos en el teclado la comida no se hace sola y la puta dieta bah no la siento tan puta últimamente capaz quien te dice me amigo con la comida y mis eternos problemitas con ella ahora voy a poder reclamarle a un par que comenten porque yo comento lo que leo a veces no a veces hasta dejo de leer pero en general comento y leo leo mas de lo que comento últimamente mi vieja acaba de entrar en el msn tengo los pies fríos no me puse medias hoy no se porque me colgué nomás salí del baño dispuesta a vestirme y me mandé el pantalón y la remera y me colgué mirando algo en la tele de un barco holandés que le impedía a uno japones la caza de ballenas y se armaba un gran quilombo porque los japoneses terminaban denunciando al país por una acción deliberada cosa que no era cierta que podría haber hecho un daño físico a los tripulantes japoneses resulta que terminó siendo un problema internacional ahora bien los japoneses de reconocer que pescan ballenas en la Antártida o sea no es su territorio ni hablar nada de lo que ellos hacían les parecía incorrecto bueno es una estupidez mi enunciado pero pensaba en la manipulación de los datos de la información y mis medias que se perdieron en esos pensamientos mejor sigo con el hambre y la comida me pongo las medias y me voy a cocinar empieza a moverse un poco mi estómago y no quiero llegar al punto de atacarme de hambre tengo que comprar café me olvidé no tengo ganas de salir así que será mañana los domingos son para quedarse en casa y hacer planes pachorrientos a cocinar y comer se ha dicho mas vale que alguien diga que paso por acá al menos o que esto es una mierda importante o lo que mierda sea he dicho

martes, 16 de agosto de 2011

Pausa en movimiento

Los Pecados Capitales nunca llegaron a ser siete. Las 10 Estaciones se detuvieron en 2. No es que esté en pausa, todo lo contrario, pero no llega al blog.

Las palabras están en otros papeles, otros espacios y abundan, saltan están por todas partes, se convierten en obras y transpiro. Transpiro palabras y disfruto. Disfruto de la tarea y escribo. Escribo sin parar y en pausa.

Pausa.
Movimiento.
Pausa en movimiento.

lunes, 11 de julio de 2011

Las 10 estaciones

Cuarto de baño


En pie escudriñándome frente al espejo, me miro las heridas con desconfianza. No estoy segura de lo que veo. Tengo la frente lastimada, pegoteada de sangre, pero no me duele nada. No me animo a tocarme. ¿Estarán ahí?

Cuanto silencio hay en esta casa. Las habitaciones vacías repiten mis pasos y suspiros. Tengo que comprar mas muebles. Llenar la casa de muebles. Prefiero los libros, muchos libros. A quién le importa si los leo o no, hay que tener muchos libros. ¡Cuanto silencio! También debería comprar música, mucha música. No quiero escuchar mis suspiros. ¿Alguien camina en el living? No puede ser… Debo ser yo, estoy pisando fuerte… Pero… yo me arrastro… Quizás estoy confundida, perdí mucha sangre… Tengo que quedarme tranquila…

Miro al espejo y veo mi frente pegajosa y anestesiada y recuerdo un cuadro de un nene llorando con un pañuelo que le ata la cara y la cabeza en la sala de espera del dentista. Ahora se les dice odontólogos pero para mí siempre fueron den-tis-tas. Odio los dentistas más que a los odontólogos ¿Cómo se le ocurre a un odontólogodentista colgar en la sala de espera de su consultorio un cuadro de un chico sufriendo de dolor? ¿Acaso es su intención asustar a sus pacientes? ¿Será una demostración de poder? ¿Odiaran a los niños? Pienso sin poder dejar de verme la frente toda pegoteada. Creo que son sádicos y morbosos. A mí que no me vengan con el cuento de ayudar a la gente. No les creo. Disfrutar metiendo la mano dentro de la boca a la gente, no es normal.

¿Eso es una espina? Busco mi dedo índice de la mano derecha, lo miro, esta limpio. Empiezo a rascarme la mancha negra sobresaliente de la escama frontal. Rasco, me miro el dedo, sigue limpio. No tengo nada. No es una espina entonces, tengo que quedarme tranquila…

Es hora de bañarse así no pienso y me saco esta sangre pegoteada. Sigo en pie, delante del espejo pensándome. Me saco la bombacha y recuerdo. Vuelvo en busca de mi dedo índice, lo miro, está limpio, pero no le creo. Abro la ducha y recuerdo una boca húmeda sobre mi boca. Me miro desnuda, deseo y recuerdo más. Esa boca húmeda me hizo llorar a los gritos sola en medio de la calle. Me despedía mientras su lengua revolcaba la mía con furia, con tristeza con dolor, con odio. Esa boca me odio y yo a ella. No hay deseo sin dolor, ni recuerdo que no me duela. Tengo que bañarme, así no pienso. Abro la ducha, acerco mi mano derecha al agua y corroboro que no quema. Me meto debajo de la lluvia tibia con los ojos cerrados y me bautizo. Se desvanece la sangre, se caen las espinas. El dolor y el odio se aplacan. Recuerdo el deseo en mi cuerpo y los pasos en el living. Estoy pisando fuerte…

Me froto el cuerpo con ternura. Me recuerdo. Sigo en pie, debajo de la ducha, enumerando besos, dolores y espinas. No hay nadie en el living, estoy pisando fuerte…

Apago la ducha, me envuelvo en la toalla verde manzana, me pongo las ojotas y me paro frente al espejo, me miro. Estoy limpia. Suena el timbre.

sábado, 18 de junio de 2011

Las 10 estaciones

Lecho

No quiero abrir los ojos. Quiero quedarme, un poco más, un poco más. Mamá me repitió hasta el hartazgo que cuando suena el despertador hay que saltar de la cama sin demorarse, cada minuto que se pierde es irrecuperable. Una desgracia, toda una desgracia, rezaba. No quiero. La cama me abriga, me abraza. En la cama estoy a salvo. Un rato más, promesa. Me acurruco y me tapo la cabeza con las frazadas. Estoy en paz.

Silencio, no necesito pensamientos. Me gusta moverme entre las frazadas, disfruto del roce. Me gusta dar vueltas en la cama. Silencio. ¡Sh…! Silencio. Quieta y crucificada intento escucharlo.

¡Levantáte! ¡Levantáte, levantáte, levantáte!

Las órdenes se me amontonan, las contradicciones se me retuercen en el estómago, me doy vuelta en la cama como si fuera una babosa con sal y escucho gritos. ¡Levantáte! ¡Levantáte! ¡Levantáte! Me siento de golpe y grito: ¡Basta! ¡Basta! ¡Basta! Aprieto los dientes con fuerza y me arranco los clavos, el dolor es ácido y húmedo. Quieta y sangrando, espero.

Silencio, busco un pensamiento. Resoplo, estoy agitada. Me quedo quieta esperando. Empiezan a correr las palabras, se cruzan, las veo, se chocan, se miran, se abrazan. Levantarse, cama, despertador, desayuno, moverse, mamá, ojos, pantuflas, quererse, dolor, enojo, camisón, deberse, ducha, espejo, pis mirarse. Levantáte Paula, levantáte. No quiero, no puedo, necesito un motivo y no lo encuentro. Me siento en la cama, tal vez si me muevo… Asomo el pie derecho por debajo de las frazadas… Estiro los dedos, los separo, los miro, siento el frío y espero… Revuelvo en mi cabeza buscando un motivo… No lo encuentro…, no hay.

¡Quiero un motivo! Hago una lista. Sol, mañana, caminar, hambre, trabajar, bañarse, deseo, salir…, salir…, salir… Salir de la cama, salir de acá, salir de mí. Me sangra la frente. Silencio.

Tengo escamas en las manos y palabras en los pies. No quiero y no puedo. Escucho los gritos y hago fuerza para levantarme, pero me duelen los huesos. Tengo plumas en los brazos y flores en las piernas. Quizás…, si me inclino, puedo... Caen gotas de sangre en las pantuflas negras. Me arranco una espina, hago fuerza, aprieto los dientes y me paro…

Estoy de pie, junto a la cama, chorreando. Se alejan los gritos. Lento, muy lento me alejo. Me voy, la abandono, me desgarro en silencio.

martes, 12 de abril de 2011

Pausa II

Con o sin paciencia los días se suceden "sin solución de continuidad" (como me gustan estas palabritas juntas!)

Dejarse estar o poner alguna parte del cuerpo en movimiento. Habría que definir parte del cuerpo quizás, pero demora el movimiento.
En este tren dejarse estar ¿es positivo?
Dejarse estar a veces es el mejor transporte para avanzar.
Dejarse estar sin abandono.
Dejarse de pensar.
Dejarse de joder.
Dejarse...

Recuperar la paciencia dejándose estar y dejándose de joder (que no es lo mismo que joder dejarse)...

sábado, 19 de marzo de 2011

Pausa

Las palabras vacacionan, se esconden, juegan lejos de mi.
Los dolores se adelantan y me embriagan.
Las musas no existen.
Las causas dejan de ser justas.
Y espero..., un poco más...
Espero no perder la paciencia

domingo, 13 de febrero de 2011

Pecados Capitales: Soberbia

Se acerca a la mesa, todos hablamos al mismo tiempo desordenadamente. Sivila se para delante de nosotros esperando que la miremos, pero la ignoramos. Ella espera y sonríe, confía en que vamos a prestarle atención. Nos hacemos los distraídos por miedo a que nos haya escuchado hablar mal de ella. Espera un poco mas, no se la nota apurada ni ansiosa, confía. Sivila carraspea, llamando nuestra atención, saluda, sonríe y comienza a dar una explicación sobre su sorpresiva presencia. Intenta ser cortés, notamos el esfuerzo y nos detenemos a escucharla. Mientras explica algo referido a despedirse, yo pongo en práctica mi cara “cuatro”. Sonrisa mediana, comisuras apenas levantadas, sin ironía ni complacencia. Los demás la miran, algunos con sonrisas otros seriamente pero nadie la invita a sentarse. No nos interesa lo que tenga para decirnos, solo la soportamos. Quizás nos preocupe un poco saber si logró escuchar que hablábamos mal de ella cuando entraba, solo un poco. Sigue explicando el motivo de su despedida, cosa que todos sabemos. Nos hacemos los sorprendidos y respondemos con comentarios formales. Ella sabe hacer de cuenta que le interesa ese encuentro y nosotros no nos esforzamos por demostrarle lo contrario. Queremos terminar esa situación lo antes posible para seguir hablando tranquilamente como antes de su llegada.

Sivila, tiene lagañas en los ojos y los dientes amarillentos a pesar de no ser fumadora. Se viste de manera antigua y es muy blanca, tanto que da impresión verle partes del cuerpo descubiertas. Es una mujer rubia, con mucho cabello, que se nota que no puede dominar. Tiene las manos con uñas muy pequeñas y dedos regordetes, blanquísimos también y es pianista. Al menos eso dice su curriculum y varios compañeros que han trabajado antes con ella.

Habla de su jubilación, yo sigo con mi cara “cuatro” esperando que se vaya de una vez.

No me interesa para nada lo que tiene para decir. No me interesa ni que sea pianista, ni que este contenta, ni que salude, ni que se jubile, ni que sea rubia. Es aburrida, intolerante, orgullosa, negadora, arrogante, pedante, vanidosa, tonta, ignorante, chata, obtusa y nociva. ¡No quiero verla más!

Le agarro la mano con cariño, le hago un comentario sobre adaptarse a no trabajar y le deseo un buen retiro. Sivila sonríe, agradece y se va.

Nos quedamos mirándola en silencio hasta que atraviesa la puerta.

_ Los invito con un café, digo casi a los gritos. Me levanto riendo, esta vez de placer.

martes, 1 de febrero de 2011

Pecados Capitales: Pereza

Llevas horas en la cama sin dormir, mirando el techo y de vez en cuando el televisor. Te tapas la cabeza con las sabanas y te volvés a destapar. El techo sigue ahí, igual al segundo anterior. La misma luz, los mismos sonidos, el mismo olor. Te tapas los ojos con las manos y respiras hondo. Hay olor a sucio, a viejo, a encierro. Hay olor a muchas noches sin dormir, olor a cansancio y eyaculaciones. Volvés a mirar y el techo sigue igual, nada cambió. Te levantás de la cama, metés los pies en las ojotas y los arrastrás hasta el baño. Meas, mucho, el olor es fuerte. No te lavas las manos seguís arrastrando los pies hasta el living y te tiras en el sillón. Con el pie izquierdo alcanzas el control remoto. Apretás los botones con el pulgar y prendés el televisor. Subís el volumen en el dormitorio sigue prendido el otro televisor y no te deja escuchar. Escuchas pero no prestas atención. Suena el teléfono.

_ Hola…

_ …

_ Acá andamos, muy bien, mirando una película.

_ …

_ No creo que pueda, tengo mucho que hacer, ando a las corridas. Mejor hablemos mañana, si puedo me hago un hueco y nos encontramos a tomar algo. No te enojás?

_ …

_ Claro, claro… Tenés razón, ando a las corridas con mucho trabajo, pero me organizo y lo hacemos.

_ …

_ Un abrazo. Chau, chau…

lunes, 24 de enero de 2011

viernes, 24 de diciembre de 2010

Felicidades a tod@s


En esta casa estamos listos para el festejo.

Felicidades para tod@s
Por un 2011 excelente y repleto de amor!

Gracias por estar ahí




sábado, 27 de noviembre de 2010

Pecados Capitales: Gula

Antonia está sentada en un banco de plaza de cemento del lado que le da el sol. Está cansada y no tiene ganas de esperar parada. Observa mientras va imaginando historias. Mete la mano en su cartera distraídamente y busca sin mirar. Pasa una anciana comiendo un helado. Camina despacio mientras come el helado rosa y blanco con cucharita azul. Mete la cucharita en el helado, la gira como si fuera un destornillador, la eleva lentamente y abre todo lo que puede su arrugada boca. Introduce la cuchara azul y la gira sobre la lengua, succiona y retira. La anciana se queda mirando la nada quieta un segundo y luego sigue caminando. Antonia saca de la cartera un chupetín color violeta, es el que más le gusta. Pasa una mujer embarazada tironeando del brazo de un nene que se chupa con fuerza el dedo pulgar y se deja arrastrar por la mujer que resopla. Va flameando como una bandera, se come los mocos que le chorrean sobre el dedo. Antonia le saca el papel al chupetín y se lo mete en la boca. Cruza corriendo un joven con unos auriculares puestos que la mira y le sonríe, ella se avergüenza y baja la cabeza sin dejar de chupar el chupetín. Cuando él no la ve, ella lo mira. Lleva zapatillas rojas, unos ciclistas negros, encima unos pantalones cortos azules y una musculosa blanca. Es castaño y el cabello le cubre los hombros y se lo sujeta con una vincha muy finita negra. Transpira y desaparece. Antonia mete y saca el chupetín enérgicamente de su boca, lo succiona, lo chupa, lo lame, lo absorbe, lo chupetea, lo saborea y sonríe recordando. Rueda un papel sin rumbo. Se escuchan gritos y risotadas, mira en esa dirección y ve pasar por la esquina un grupo de adolescentes. Se empujan saltan y gritan a las carcajadas. Ella succiona y succiona. Mira hacia el otro lado y ve un grupo de ancianos jugando a las cartas en otro banco. Ella chupa y vuelve a chupar. Se queda mirando fijo, sin ver. Lame y lame. Sonríe, se sonroja, acaba de descubrir a lo lejos en la esquina, que el joven de los auriculares vuelve hacia ella. Absorbe con fuerza, se pasa la lengua por los labios y lo mira fijo. Él, tiene el cabello pegado a los hombros. Transpira, se pasa el dorso de la mano por la cara y la mira. Antonia chupetea, chupetea y chupetea con ansiedad sin dejar de sonreír. Se levanta del banco, se acerca al joven y se para frente al él obstruyéndole el camino. El joven se detiene. Antonia saborea el chupetín una vez más, se lo deja en la boca y lo abraza.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Pecados Capitales: Lujuria

Laura cerró el libro y lo dejó sobre la mesa de luz. Se desperezó y se levantó de la cama decidida a cocinar. Caminó sin vestirse rápido a la cocina y abrió la heladera. Miró una y otra vez esperando la inspiración y provocando su deseo. Verduras, quesos, yogures, frutas, huevos pero nada la convencía. Sintió el frío punzante en sus pechos y se los miró, se avergonzó pero se acercó más. Sus pezones se erectaron dolorosamente y Laura sonrió. Se acercó tanto que quedaron sus pechos en la heladera y su cara apretada contra la puerta del freezer. Le dolían pero le gustaba sentirlos tensos y fríos. Metió una mano dentro de la heladera y a tientas tocó una botella. La sensación la hizo erizarse y volvió a sonreír. Quiero meterme dentro, pensó. Sacó la lengua y se relamió. Siguió a tientas tocando todo. La lechuga húmeda, los tomates lisos, los rabanitos ásperos, la manteca dura, impenetrable, un frasco de… ¿mermelada? No importaba, sus dedos querían recorrer y penetrarlo todo. Se había olvidado de comer, adoraba esa sensación de placer que aumentaba cada vez más. Una botella, varios huevos, uno, dos, tres, un sachet de mayonesa, un diente de ajo abandonado y… ¡un yogur!. Se sobresaltó, el metal la hizo retroceder. Se sonrió, respiró profundo y se lanzó sobre la heladera como si estuviera imantada. Metió las dos manos dentro, con una se pellizcaba los pezones tensos y con la otra buscaba desesperadamente. Quiero más, pensó.

Un sonido agudo y repiqueteante la penetró, se sobresaltó, volvió a retroceder y abrió asustada los ojos. Estaba empapada agitada y confundida mirando el techo sin comprender. El despertador seguía sonando. Todo la malhumoraba. La cama vacía, el despertador, sus pezones fláccidos y… ¡tanta humedad! Se metió la mano dentro de la bombacha, corroboró su excitación y se enojó con el despertador y la mañana que la obligaba a dejar sus deseos. Se levantó de un saltó y corrió al baño se sentó en el bidet y orinó al borde de las lágrimas. Abrió la canilla y se penetró con el chorro punzante hasta que el dolor la obligó a salir de ahí. El enojo estaba instalado sin aviso de partida. Se sacó la bombacha y la revoleó en la bañera sin siquiera mirar. Salió del baño chorreando agua y arrastrando los pies camino a la cocina. Entró y ahí estaba, impecable, blanquísima, rígida, cuadrada, dura e inanimada. Se llevó una mano a los pezones y los notó ajenos. Abrió la puerta de la heladera y se lanzó dentro. El frío la abrazó, la punzó, la penetró y le devolvió la sensación que necesitaba. Buscó desesperada la botella mientras apretaba con fuerza los ojos y rogaba volver a sentir sus pezones tensos. Se metió urgente una mano entre las piernas y sus pezones se sobresaltaron, sonrió y se acarició lento muy lento mientras se alejaba el enojo y se le clavaba una sonrisa en la cara. Se penetró con un dedo suavemente, mientras se encontraba con las sensaciones de ensueño y se animó un poco más. Se metió otro dedo y se le escapó una carcajada y se metió otro más y se penetró una y otra vez y una vez más y otra. Se golpeó con fuerzas y se metió entera y se tocó por dentro y el frió la devoró. Le dolía, pero estallaba de placer. Quiero más, pensó, un poco más. Y siguió golpeándose desesperadamente y gritó y se golpeó la cabeza con fuerzas mientras seguía gritando de placer y los pezones le estallaron y se expulsaron lejos de su cuerpo. El frió la devoraba y le devolvía un dolor dulce y una agonía perfecta. Quiero morirme, pensó y se mordió los labios y sangró. Sangró de placer.

lunes, 4 de octubre de 2010

Ejercitando III

Ella tiene las manos doloridas de tanto apretar el pañuelo. Hace horas que no abre sus puños. Hace horas que junto con el pañuelo aprieta los dientes, ya le dijo el dentista que no es bueno, pero no puede evitarlo. Ese hombre que está frente suyo la mira fijo, con soberbia, altivez, inmodestia, presunción, orgullo, altanería, arrogancia, vanidad, engreimiento, impertinencia, jactancia, suficiencia, fatuidad y pedantería. Ella solo aprieta sus dientes y el pañuelo, reprimiendo el llanto y el grito. No escucha nada a su alrededor, solo lo ve a él y sus adjetivos. Pasó muchos años esperando este momento y ahora que está ahí, a solo unos metros, sólo puede hacer fuerza para no derrumbarse o gritar y saltarle con violencia al cuello. Ese hombre la mató cuando apretó el gatillo, pero ella sigue respirando. No sabe como llegó hasta este día, no sabe que comió ni que bebió. No sabe si pudo dormir alguna noche en todos estos años. Pero acá está en pie, muerta, delante de ese monstruo. Quiere morderle las orejas y arrancárselas. Quiere escupir la sangre por todos lados y dibujar con ella las paredes. Quiere soltar el pañuelo de una buena vez. Quiere golpearle la cara con los puños cerrados, tan fuerte como le sea posible, hasta verle el tabique roto en miles de pedazos. Quiere que llore, que grite, que suplique y que le duela todo y mucho. Quiere que el dolor que sufra sea insoportable, pero que no pierda el conocimiento, que esté conciente cada segundo. Sólo atina a aflojar un poco los dedos de la mano para que sus uñas no le corten la palma. Quiere matarlo a mordiscones y desparramar sus tripas por la sala para que todos puedan verlo desangrarse. Quiere verlo sufrir y suplicar, quizás así podría descansar. Ella lo mira fijo con dolor, desconsuelo, pesar, suplicio, tortura, aflicción, angustia, congoja, pena, tormento y calvario. Quiere que ese hombre pague con su cuerpo por lo que hizo. A ella la justicia no le importa, ni le alcanza. La justicia no puede mitigar el infierno en el que ¿vive? Ella quiere morder. Ella quiere arrancar. Ella quiere romper. Ella quiere golpear. Ella quiere gritar. Ella quiere insultar. Ella quiere sangre. Solo atina a abrir la mano, mirarse las heridas y esperar…