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lunes, 11 de julio de 2011

Las 10 estaciones

Cuarto de baño


En pie escudriñándome frente al espejo, me miro las heridas con desconfianza. No estoy segura de lo que veo. Tengo la frente lastimada, pegoteada de sangre, pero no me duele nada. No me animo a tocarme. ¿Estarán ahí?

Cuanto silencio hay en esta casa. Las habitaciones vacías repiten mis pasos y suspiros. Tengo que comprar mas muebles. Llenar la casa de muebles. Prefiero los libros, muchos libros. A quién le importa si los leo o no, hay que tener muchos libros. ¡Cuanto silencio! También debería comprar música, mucha música. No quiero escuchar mis suspiros. ¿Alguien camina en el living? No puede ser… Debo ser yo, estoy pisando fuerte… Pero… yo me arrastro… Quizás estoy confundida, perdí mucha sangre… Tengo que quedarme tranquila…

Miro al espejo y veo mi frente pegajosa y anestesiada y recuerdo un cuadro de un nene llorando con un pañuelo que le ata la cara y la cabeza en la sala de espera del dentista. Ahora se les dice odontólogos pero para mí siempre fueron den-tis-tas. Odio los dentistas más que a los odontólogos ¿Cómo se le ocurre a un odontólogodentista colgar en la sala de espera de su consultorio un cuadro de un chico sufriendo de dolor? ¿Acaso es su intención asustar a sus pacientes? ¿Será una demostración de poder? ¿Odiaran a los niños? Pienso sin poder dejar de verme la frente toda pegoteada. Creo que son sádicos y morbosos. A mí que no me vengan con el cuento de ayudar a la gente. No les creo. Disfrutar metiendo la mano dentro de la boca a la gente, no es normal.

¿Eso es una espina? Busco mi dedo índice de la mano derecha, lo miro, esta limpio. Empiezo a rascarme la mancha negra sobresaliente de la escama frontal. Rasco, me miro el dedo, sigue limpio. No tengo nada. No es una espina entonces, tengo que quedarme tranquila…

Es hora de bañarse así no pienso y me saco esta sangre pegoteada. Sigo en pie, delante del espejo pensándome. Me saco la bombacha y recuerdo. Vuelvo en busca de mi dedo índice, lo miro, está limpio, pero no le creo. Abro la ducha y recuerdo una boca húmeda sobre mi boca. Me miro desnuda, deseo y recuerdo más. Esa boca húmeda me hizo llorar a los gritos sola en medio de la calle. Me despedía mientras su lengua revolcaba la mía con furia, con tristeza con dolor, con odio. Esa boca me odio y yo a ella. No hay deseo sin dolor, ni recuerdo que no me duela. Tengo que bañarme, así no pienso. Abro la ducha, acerco mi mano derecha al agua y corroboro que no quema. Me meto debajo de la lluvia tibia con los ojos cerrados y me bautizo. Se desvanece la sangre, se caen las espinas. El dolor y el odio se aplacan. Recuerdo el deseo en mi cuerpo y los pasos en el living. Estoy pisando fuerte…

Me froto el cuerpo con ternura. Me recuerdo. Sigo en pie, debajo de la ducha, enumerando besos, dolores y espinas. No hay nadie en el living, estoy pisando fuerte…

Apago la ducha, me envuelvo en la toalla verde manzana, me pongo las ojotas y me paro frente al espejo, me miro. Estoy limpia. Suena el timbre.

sábado, 18 de junio de 2011

Las 10 estaciones

Lecho

No quiero abrir los ojos. Quiero quedarme, un poco más, un poco más. Mamá me repitió hasta el hartazgo que cuando suena el despertador hay que saltar de la cama sin demorarse, cada minuto que se pierde es irrecuperable. Una desgracia, toda una desgracia, rezaba. No quiero. La cama me abriga, me abraza. En la cama estoy a salvo. Un rato más, promesa. Me acurruco y me tapo la cabeza con las frazadas. Estoy en paz.

Silencio, no necesito pensamientos. Me gusta moverme entre las frazadas, disfruto del roce. Me gusta dar vueltas en la cama. Silencio. ¡Sh…! Silencio. Quieta y crucificada intento escucharlo.

¡Levantáte! ¡Levantáte, levantáte, levantáte!

Las órdenes se me amontonan, las contradicciones se me retuercen en el estómago, me doy vuelta en la cama como si fuera una babosa con sal y escucho gritos. ¡Levantáte! ¡Levantáte! ¡Levantáte! Me siento de golpe y grito: ¡Basta! ¡Basta! ¡Basta! Aprieto los dientes con fuerza y me arranco los clavos, el dolor es ácido y húmedo. Quieta y sangrando, espero.

Silencio, busco un pensamiento. Resoplo, estoy agitada. Me quedo quieta esperando. Empiezan a correr las palabras, se cruzan, las veo, se chocan, se miran, se abrazan. Levantarse, cama, despertador, desayuno, moverse, mamá, ojos, pantuflas, quererse, dolor, enojo, camisón, deberse, ducha, espejo, pis mirarse. Levantáte Paula, levantáte. No quiero, no puedo, necesito un motivo y no lo encuentro. Me siento en la cama, tal vez si me muevo… Asomo el pie derecho por debajo de las frazadas… Estiro los dedos, los separo, los miro, siento el frío y espero… Revuelvo en mi cabeza buscando un motivo… No lo encuentro…, no hay.

¡Quiero un motivo! Hago una lista. Sol, mañana, caminar, hambre, trabajar, bañarse, deseo, salir…, salir…, salir… Salir de la cama, salir de acá, salir de mí. Me sangra la frente. Silencio.

Tengo escamas en las manos y palabras en los pies. No quiero y no puedo. Escucho los gritos y hago fuerza para levantarme, pero me duelen los huesos. Tengo plumas en los brazos y flores en las piernas. Quizás…, si me inclino, puedo... Caen gotas de sangre en las pantuflas negras. Me arranco una espina, hago fuerza, aprieto los dientes y me paro…

Estoy de pie, junto a la cama, chorreando. Se alejan los gritos. Lento, muy lento me alejo. Me voy, la abandono, me desgarro en silencio.

Arráncame la vida

Cuando nos conocimos sentí una atracción animal, nunca me había pasado nada parecido. Cada vez que lo tenía cerca comenzaba a sentir como ...